La Robliza 2.248 metros

A continuación encontraréis un relato y un modesto reportaje fotográfico con mis experiencias personales sobre la ascensión a esta cumbre de los Picos de Europa en el macizo del Cornión, por lo tanto está redactado de manera totalmente subjetiva. Esta ascensión recorre 300 metros de arista que conlleva pasos de III grado expuestos y sobre roca dudosa en ocasiones (trepada y destrepada), por lo tanto si no conoces bien los Picos de Europa y tienes experiencia, o bien eres un experto alpinista, te recomiendo que contrates un guía o busques alternativas más “sencillas” para familiarizarte con el entorno. Además  de la dificultad de la ascensión en sí, se ha de sumar el desnivel positivo que tenemos desde Caín, siendo la Canal de la Jerrera poco transitada y también peligrosa en algún punto. Además “hay que saber subir y bajar”.

Disfrutar de la Montaña y no dejéis huella!!

Para ver el track e información de la ruta:
https://es.wikiloc.com/wikiloc/spatialArtifacts.do?event=view&id=18577980&measures=on&title=on&near=off&images=off&maptype=S

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Relato:

La Robliza representaba mis sueños y mis pesadillas más profundas.

Hace ya casi dos años que me marqué este objetivo, cuando con Diana la miré desde Piedralengua y me mostró su afilada y larga arista, que coronaba unas compactas paredes grises y rojizas en su base.

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La Robliza desde Piedralengua

Pero me daba respeto y miedo no me voy a engañar… Como todo en esta vida, las cosas salen mejor sin prisas y sin obsesionarse, así que, con multitud de retos en la libreta, nuevos y viejos, amigos y viajes; se podría decir que he estado esperando el momento adecuado hasta ahora, y que ahora, tras varias semanas rondándome en la mente, se presentó ese día, un jueves de Julio; me toca día libre; tras varios días currando muchas horas, y saliendo a hacer boulder en cuanto hay un huequecillo, las piernas pesaban; pero aún así me levanté poco antes de las 7 de la mañana, con menos de  6 horas de sueño … una hora después caminaba en silencio por el pueblo hacia Caín de arriba.

Al poco de salir me cruzo con mi tocayo Alfonso,  nos damos los buenos días; con más de 90 años en sus andares parece que tuviera unos cuantos menos; me pregunta si me voy solo al monte, yo digo que sí, que voy a dar una vueltecilla por la peña, el se ríe… Es la única persona que me encuentro.

En casa he dejado dicho donde voy, la previsión de la meteo no es la mejor, sé que abajo van a estar preocupados, pues es una actividad comprometida y expuesta y el clima no ayuda. Yo tampoco llevo muchas expectativas puestas en el día, pues hay nubes bajas y altas, la niebla viene y va. Mi intención es subir claro, pero a lo mejor me toca quedarme un rato debajo de alguna roca y volverme por donde he venido… o a lo mejor llego arriba y si no me mola el ambiente y hay posibilidades de lluvia no me voy a arriesgar a que me pille en medio de la trepada… Igual ni si quiera me atrevía a intentarlo por el miedo infundado…

Demasiadas incógnitas que se resolverían a su debido tiempo y aunque no esté de más pensar en ello, no merece la pena “rayarse” en exceso. Así que subo apenas sin descanso, a la velocidad que mis fuerzas me permiten, no muy lento, pero tampoco rápido; el principio, como siempre, es lo que más me cuesta… nunca me acostumbraré a esta maldita cuesta, da igual cuantas veces la haya subido…

En las paredes de caliza  que son sorteadas por el sedo del muerto que mato a tres, los cuervos revolotean y parlotean en su idioma, decían los vikingos que eran buen augurio, así lo tomo yo también, como una buena señal… hay que aferrarse a ella y seguir p´arriba.

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El sedo hacia Caín de Arriba (sedo del muerto que mató a tres)  y la Canal de la Jerrera detrás

La verdad es  que estos animales tan inteligentes me transmiten buena energía con sus cánticos mañaneros y el ambiente que generan junto con el verdor, el paisaje y la niebla es insuperable. Me encanta salir temprano al monte y sentir el fresco y la tranquilidad… Y escuchar sus sonidos…

Tras pasar Caín de arriba, cojo la vereda que cruza la riega de la Jerrera y tras ello comienza a subir. Los pasos que siguen a continuación, cogiendo altura sobre la riega y con una imponente caída a nuestra izquierda siempre me impresionan, son de una gran belleza. La niebla me traga, no viendo más allá de unos pocos pasos, pero se vuelve a ir, y vuelve a aparecer…

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Cruzando la Riega de la Jerrera

A no mucho tardar llego al Corralón y me adentró en la selva de avellanos, mientras voy caminando desayuno por segunda vez, aunque las telarañas no son de mi agrado… La nube parece haberse consolidado por encima de Caín, a unos 600 metros de altura sobre el nivel del mar.

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Vistas hacia los Urrielles y hacia Valdeón
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Vista del Corralón.

Llego al sedo de Oliseda y sin pensarlo mucho sigo, lo conozco, es fácil, aunque expuesto; alguien no acostumbrado a escalar o con una gran mochila podría tener más problemas. Es un sedo largo, indudablemente bello y atrevido, en el que se van sucediendo trepadas y traviesas de similar dificultad, siempre con buenos apoyos y una peligrosa caída a las espaldas. Por suerte el sol no llega a la mitad superior del sedo y la sombra me acompaña.

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Los sedos de Oliseda

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Un vistazo atrás

El camino me parece más pisado que antes, aunque también se pierde entre la joven vegetación que va ganando terreno en algunos puntos. En poca distancia se supera bastante desnivel.

Llego a la altura donde se ubicaba la antigua majada (1.350m.) y sigo subiendo por la riega, prácticamente seca, a partir de aquí el terreno es desconocido para mí, pero entre piedras, bordeando la riega, el camino me parece bastante evidente. Sin muchas complicaciones se llega hasta la Horcada de Arenizas. Aunque a mí me gusta complicarme y para evitarme una pedrera me meto a una evidente y fácil trepada hacia la derecha, ya llegando a la Horcada, casi debajo de la bonita Torre de la Celada.

 

 

 

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La amplia parte final de la canal

 

 

 

 

 

 

 

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La Torre de la Celada, Torres del Cuvicente y Torre del Joracao

 

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El ojo del Jultayu me vigila

 

 

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Abajo se ve Caín

 

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Ya queda menos para la Horcada

 

 

 

 

 

 

 

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El Friero
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Espectacular la canal de la Jerrera hasta Caín, el Morrón del Torco a la derecha.

Llego a la Horcada y para mi sorpresa son solo las 11, he subido como un tiro comparándome con migo mismo, pero aquí veo todo lo que aun me resta, y lo que es peor, lo que no veo y que también me falta… Por si fuera poco, me empiezan a fallar los cuádriceps derechos, así que tengo que ir parando cada 5 minutos, pero tampoco me apetece estar mucho tiempo parado, así que sigo hasta que otra vez me vuelve a doler… Tras el típico sube-baja de Picos por terreno de pedreras, grandes rocas y llambrias, la Robliza va apareciendo y su arista va tomando forma según desde donde la mires.  Bordeando por la derecha el hoon y tras una travesía que no es obligatoria (me di cuenta después) pero bonita y excitante; además pasando bajo las paredes de la Verdilluenga o la Punta Gregoriana. Tan cerquita de ellas que casi que me dan ganas de subir, pero entonces tengo que parar otra vez por el cuádriceps, y las ganas se van…

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El Hoon
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Empieza a verse la Robliza tras Peña Blanca
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La bonita Horcada Arenizas desde el Hoon
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La bestia Robliza y su bella arista oeste

Llego al collado donde comienza la gran arista de la Robliza, son las 12.00 . Alla voy, escribo en wasapp a los que están abajo trabajando, y también me lo digo a mi mismo. Empiezo a progresar pendiente de las nubes, con confianza y sin miedo, respiro tranquilo, pasito a pasito, plenamente concentrado en ese momento, en cada instante, cada paso… Primero por terreno fácil, pero no por eso menos espectacular.

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La preciosa arista de la Robliza

 

Un primer resalte y una primera trepada por terreno no muy fiable me conducen de nuevo por la arista que empieza a ser más afilada y en la que empieza a ser necesario el uso de las manos en alguna ocasión. Miro hacia atrás por donde he venido, la  arista va aumentando en longitud y altura, pero tampoco siento esa sensación de exposición y vacío de otras veces por estar aquí solo en las alturas, a pesar del viento que sopla con ganas… Quizá me esté acostumbrando, pensaba que era algo a lo que no se podía acostumbrar uno…

En uno de mis ojeos hacia las nubes, veo unas  sospechosas acercarse muy rápido por el sur, hace un segundo no estaban ahí! Me quedo unos instantes estudiándolas, pero parece que no están descargando, por fin me alcanzan y nada, así que sigo. Trepo el segundo resalte por terreno fácil y otra vez me deposita en la arista, ya cerca de la cumbre… El cuádriceps se me vuelve a cargar, y esta vez el izquierdo también da síntomas, así que me siento en un nicho a solo 15 metros de la cumbre a esperar 5 minutos… Pero no puedo esperar más así que sigo, ya es fácil y la cumbre es amplia y cómoda, hago algunas fotos, me deleito con las vistas y la espectacular caída hacia el valle, pero no me entretengo mucho, aviso de que he llegado con el móvil y a los 5 minutos aviso de que voy para abajo… Que si la subida había sido fácil la bajada iba a ser otro cantar…

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Primer resalte
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La afilada cresta
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Llegando al segundo resalte
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Descansando las piernas a pocos metros de la cumbre

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cumbre

Y así fue, la subida me pareció sencilla y no demasiado expuesta (fui prácticamente por la arista), pero la bajada sí que me pareció más compleja (iba más por uno de los lados cuando la cresta era más empinada), dependiendo también de por donde te metas claro, ya que ofrece varias opciones. En el último resalte a destrepar, me equivoqué y abandoné la arista demasiado pronto por parecerme más sencillo y al final tuve que destrepar más metros de la cuenta por terrazas de piedra suelta y barro húmedo hasta una pequeña canal de hierba donde ya se recupera el camino y se sigue por terreno fácil hasta el comienzo de la cresta, donde me espera el agua y la comida.

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La arista hacia abajo…

Aviso otra vez por teléfono para que se queden tranquilos, son las 13.00; como algo, fumo un cigarro y me dirijo hacia Mesones bajando lo más directo posible (se podría incluso más directo por un pequeño callejón justo al comienzo de la arista, pero había un nevero y no quise probar). Cruzo el Jou de la Robliza o jou de Piedralengua por su vertiente norte, es decir, a mano izquierda según bajamos, pegados a las paredes de la Robliza. Pronto veo la impresionante y bella aguja rojiza que se separa de ella y Peña Blanca, otra gran mole rocosa, que tapa la Robliza desde Caín, pero desde este punto vuelvo a ver el pueblo.

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Jou de la Robliza, Torres de los Cabritos en el centro
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Jou de la Robliza
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Un valiente rebeco
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Ya se ve Caín otra vez

Veo un sendero, quizá de rebecos que se adentra entre Peña Blanca y la Robliza, justo hacia la aguja y me tienta subir, incluso doy la vuelta, pero en cuanto comienzo a subir esa pequeña cuestecilla desisto, me doy cuenta que no quiero subir más, estoy cansado, así que tras unos vistazos y unas fotos a las espectaculares paredes que sueño con escalar algún día, sigo hacia Mesones, ya por terreno conocido para mí.

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Las bellas paredes de la cara sur-este de la Robliza

Cojo cada atajo que conozco mientras bajo al trote; relleno el agua, que se me acababa de terminar (comencé con 1 litro y medio y 1 zumo de 20cl), en la fuente de Mesones, que con las últimas lluvias baja un poco más generosa.

A partir del sedo no corre gota de aire, la temperatura y el ambiente son agobiantes, como si fueran dos mundos totalmente distintos, como si estuviese viviendo un sueño y llegara la hora de despertar y volver a la realidad. Sigo corriendo, me asfixio, pero ir más despacio es casi peor, así que sigo corriendo. Estos últimos minutos de bajada se me hacen eternos, a pesar de todo, a las 15.00 estoy en Caín justo para tomar algo fresquito, una ducha y comer con los que abajo mientras trabajaban y permitían que yo pudiese estar disfrutando de la montaña y de la vida, gracias, estoy feliz y cansado, me reciben con abrazos y sonrisas… Mi alma sonríe también.

Escrito por A.F. en Julio de 2017

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Llegando al final de Mesones

*Como dato, según Adrados la Robliza mide 2.227 metros, pero según mi gps (garmin etrex 30) y el IGN mide 2.248 metros.

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