Relato de una escalada, Vía Ezequiel al Pico de la Miel

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Dibujo a boli del Pico de la Miel

Martes, 24 de Octubre

Hoy vamos al Pico de la Miel. Intentamos madrugar un poco, pero no se nos da muy bien, el despertador suena a las 8, remoloneamos, hasta las 9 no salimos…

Atasco, me siento un hipócrita por criticarlo y formar parte de él. No me gusta, Madrid me estresa.

Por el camino vamos en silencio, Diana se está quedando dormida, para que no la moleste el sol se pone unas gafas que estaban tiradas por el coche, se las olvidó Oscar ayer que fuimos al Vellón.

Repartimos el material en el coche y comenzamos a andar, son ya más de las 10 y 30 y el sol aprieta que da gusto. Cuatro escaladores a los que habíamos saludado al pasar junto a su coche, empiezan a pisarnos los talones, estoy lejos de Diana, luego me contaría que con tanta prisa se había caído y se había dado un buen ostión en la rodilla, la tiene super-hinchada, encima la habían visto…

Resulta que las dos cordadas vamos a la misma vía, yo le digo que tiren que nosotros vamos lentos pues somos inexpertos, me dicen que no, que tiremos, que ellos son una cordada de cuatro y tardarán más. Yo no voy a darle más vueltas, consulto a Diana y me dice que si, que si… Está un poco mosca por la caída y hace un calor que te cagas, sobre todo tras el corto pero intenso cuestón de aproximación.

Preparamos todo lo más rápido que podemos y nos ponemos a escalar, de momento tiro yo de primero pues Diana no ha escalado mucho últimamente y necesita coger aun un poco de confianza, además de que no se encuentra muy bien. No hay más que hablar, tiro encantado… y es que esto me encanta.

Me encaramo por la gran laja por donde empieza la vía, aseguro con un camalot del dos en la fisura y tras montarme a una repisa llego a la primera reunión. Lo suyo sería tirar hasta la siguiente reunión, Diana me lo dice, pero yo quiero ir a mi ritmo y decido montar aquí la primera. Recojo rápidamente a Diana y como hoy por fin no he liado las cuerdas, salgo escalando de nuevo hacia el siguiente largo. Un poco de travesía hasta llegar aun pequeño diedro para montarse después a una gran laja donde puedo proteger con un par de friends, sigo por el filón de cuarzo como indican los croquis, una espectacular línea vertical de unos 20 metros de largo y casi medio metro de ancho de este mineral asciende entre el granito. Es “fácil” y bonito de subir, al comienzo del mismo puedo asegurar con algún friend pequeño, el resto hasta la reunión nada, pero el terreno es agradecido. Llego a la reunión y recojo a Diana, ya va cambiándole la cara, yo me alegro por ello, me gusta compartir estos momentos con ella.

El siguiente largo es la Chimenea, el más temido y amado paso de esta vía. No me atrevería a graduarlo. Es fácil, pero no… resbala en el punto clave, tras dudar un minuto o tal vez dos, ya había metido unos cuantos seguros por debajo, pero no me fío de los pies en el siguiente movimiento y no me estoy sabiendo colocar bien, la posibilidad de que me caiga ronda mi cabeza, pero no me quiero caer aquí dentro, metro otro seguro, laceo con una cinta larga la laja a la que estoy sujetándome y que queda bastante bien. Veo asomarse a Diana y a un chico de la otra cordada, me aconsejan algo pero yo estoy intentando concentrarme, intento fluir. Subo mucho los pies y empotro la rodilla en la siguiente laja, me quedo bastante cómodo y ya estoy prácticamente fuera del paso, meto un tótem cam rojo un metro por encima de mi, me estiro y consigo agarrarme a la parte superior de la gran laja donde tengo empotrada la rodilla que me sujeta, los agarres son buenísimos y supero el paso, mucho más fácilmente de lo que parecía, también mucho más bonito de lo que esperaba, me había intimidado un poco la verdad el muy “cabrón”… La chimenea a partir de ese punto es mucho más fácil y sigue bastantes metros por las entrañas de la pared. La verdad que es bastante impresionante, me vienen a la mente imaginaciones sobre las sensaciones que tuvieron que tener los primeros que la escalaron.

Salgo de la chimenea no sin quedarme casi atascado en algún estrechamiento con tantos hierros colgando del arnés y monto reunión en la cómoda repisa. Voy recogiendo ordenadamente las cuerdas, que rozan bastante y me cuesta recoger por cierto, esto cansa más que la escalada en sí. Llega un escalador de la otra cordada, que están subiendo por la fisura de la via Emilio, al poco llega Diana sonriente y me cuenta su batalla para superar la chimenea, con la mochila a cuestas… Un poco de agua, el sol aprieta que da gusto.

Sigo para el siguiente largo, una fisura muy bonita, debo volver hacia la salida de la chimenea y montarme en la fisura-chimenea que sigue hacia arriba, chapo un friend que hay atascado y meto otros tantos mientras sigo progresando y disfrutando la pared como hacía mucho tiempo que no lo hacía. En un punto y antes de llegar al final de la fisura me cambio al espolón de setas de la izquierda por donde sigo hasta la reunión.

Mismo proceso, el siguiente largo salgo en diagonal por una canal chimenea y una sucesión de bloques que se puede asegurar bastante bien. En un punto ya cerca de la cumbre sigo por donde creo más evidente, esto me suena, por aquí salimos de la vía espolón manolín hace dos años, veo una reunión a la izquierda de la repisa, la cuerda no llega por tres metros  y los walkie talkies por algún motivo no funcionan bien, monto reunión en un cable de acero que veo en un puente de roca entre dos bloques, justo al máximo de cuerda posible. Aunque el cable parece bastante fiable meto un friend número 4 en una fisura cercana para tener dos puntos en la reunión.

A continuación tendríamos un gracioso desentendimiento a causa de que el walkie no funcionaba y no nos entendíamos: “Libera! Liibbeera! Libera!”… Sin problemas llega Diana y le digo que siga hacia la cumbre, mejor encordada, trepa el ultimo resalte y me recoge a la cintura pues es sencillo. Ya estamos en la cumbre, bastante acalorados y sedientos, agotamos el agua que nos queda y empezamos a bajar.

A Diana le molesta el golpe de la pierna en la bajada así que la dejo descansando mientras vuelvo al pie de vía a por Selva, que la pobre esperaba atada bajo un árbol, y a por la mochila. Doy un buen rodeo y se me hace largo, son las dos y pico de la tarde. Recojo a Selva que se pone muy contenta, estaba agustito a la sombra. Bajamos corriendo, Diana nos espera abajo, en el bar charlamos tranquilamente sobre la escalada tan disfrutona mientras nos hidratamos, comentamos la calidad de la roca y el juego que da para este tipo de escalada, la vía nos tiene enamorados. En el pueblo compramos pan y comemos la tortilla que había preparado la madre de Diana. Selva un paquete de chorizo que nos encontramos tirado, se lo merecía por la espera…

En la vuelta a casa, sonrisas, a gusto. Esto es lo que más nos gusta hacer y es importante para nosotros aprender a nuestro ritmo, me da igual que la gente diga que es una vía “fácil”, que ellos hayan hecho más o “mejores”. Yo, he disfrutado como nunca, y eso es lo que me llevo de está gran clásica. Para mí es todo un logro conseguir subir con todos mis miedos y carencias, subir con quien quiero, con mi compañera, y  me siento grande pero me sé pequeño, es decir, me siento a gusto con migo mismo, sé hacia donde quiero ir y sé de donde vengo, me da un poco igual el resto, quiero hacer mi camino. Sé que llegarán más.

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Primer largo
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Chimenea
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Cumbre
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Segundo largo

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