Relato de una escalada, “Espolón P.D.P.” en el Pico del Águila

Relato, espolón P.D.P.:

Está vía la encontré hace dos años en una revista desnivel un poco más antigua. Yo por entonces no disponía de material ni de conocimientos ni de coco para hacer escalada clásica, y como esta vía está totalmente equipada le hice una foto para ir si surgía la ocasión…

espolonpdp

Y surgió… Queríamos ir al Levante, a mí me apetecía hacer una vía más larga, probarme. Así que convencí a Diana para ir para allá, aunque teníamos un montón de croquis y otros objetivos en mente, por algún sitio había que empezar, seguro que lo pasábamos bien. Había deportiva, y la Pared Negra, estaba “al lao”.

Llegamos el domingo por la noche y dormimos junto al polideportivo de Redován. El lunes fuimos a escalar deportiva en el mismo Redován, para aclimatarnos a la roca. Esta es magnífica, pero nos cuesta descifrarla a veces y nos resulta duro.

Tras un intento de aproximación desafortunado, regresamos al coche y vamos al cementerio, donde parte el sendero hasta el sector al que queríamos ir, Sector el Rut. Ya pega el sol desde hace rato en la pared y hay una cordada escalando junto a la cueva característica del sector. Tiene buena pinta. Vamos a las vías de la parte izquierda que parecen más sencillas. Luego a la parte derecha que hay algo de sombra en el pie de vía, porque el calor al sol era acojonante, pero en la sombra, te quedabas frío.

La roca es espectacular y todas las vías que hicimos fueron bonitas, es una pared realmente preciosa. Todas las vías tenían el nombre y el grado a pie de vía, no voy a decir que me guste, no queda bien, pero es útil y lo usamos, pienso que cada cual puede hacer con su vía lo que quiera.

Tras hacer 6 vías (eran largas por lo general) y acabar la jornada,  nos sentimos más motivados, contentos y preparados para nuestro objetivo del día siguiente, el espolón P.D.P.

Volvemos a dormir junto al polideportivo, hoy hay además una autocaravana con la que compartimos descampado. Nos dormimos relativamente pronto y mas o menos despertamos pronto en la mañana. Pero entre que desayunamos, preparamos todo, subimos, nos volvemos a preparar… Nos dan más de las diez.

A Selva la dejamos atada bajo un grupo de pinos en un lugar cómodo y lejos de la pared, un plato con agua y me despido, le digo que ahora vengo, es la frase que uso para entendernos. Me da cosa dejarla tanto rato, voy a estar todo el tiempo pensando en ella. Cuando me alejo me ladra y gime, pero se queda sentada esperando… Me da pena.

“Empezamos” a escalar, hace un poco de frío y a mis dedos les cuesta sentir el tacto de la roca. El primer largo mide 30 metros y es V+, se supone uno de los más duros de la vía. No es difícil, pero se encuentra lo justo para escalarlo y si se hace duro, en parte es, creo yo, porque te coge frío. Una placa vertical algo descompuesta donde me cuesta ir encontrando los agarres, voy  concentrado, progresando lento pero sin apenas detenerme. En el final del largo encuentro lo que quizá sea lo más difícil, una especie de diedro con roca amarilla, mis dedos de manos y pies cada vez tienen menos sensibilidad. Habíamos hablado de empalmar largo 1 y 2 para ahorrar tiempo, en total unos 50 metros, las cuerdas pesan a la hora de chapar… Prosigo escalando el segundo largo del tirón, pero cuando voy por la segunda chapa me doy cuenta de que tengo los portamateriales del arnés vacíos prácticamente y como no sé cuantas cintas me van a hacer falta, opto por destrepar los metros ya escalados hasta la primera reunión y recoger ahí a Diana, unos destrepes guapos sobre placa sin buenos agarres que me ponen fino.

Primer largo

El viento sopla fuerte y tengo frío. En los walkie talkies no paramos de oír a algunos trabajadores por debajo nuestra, no importa el canal que pongamos, frases como “yaa, ya está medío” se repiten y nos acompañaran toda la escalada, es gracioso y hacemos chistes sobre el tema. A Diana le cuesta llegar sobre todo por el frío, ya que se ha quedado fría asegurándome y no tiene sensibilidad en manos y pies. Al llegar ella, llega el sol, aún así todavía hace frío.

No tardo mucho en lanzarme a por el segundo largo (V/V+, 25 metros) cuyo principal problema está en superar un pequeño techito, el resto del largo es similar al anterior aunque más corto, pocos agarres buenos pero “fácil”, los primeros metros ya los conozco bien, me parecen los más difíciles del largo. El techito, que puede impresionar a simple vista, en verdad  no tiene mucho misterio si lo afrontas tranquilo y con decisión, dos cazos sobre el techo me ayudan a subir pies lo máximo posible sobre la placa para así estirarme y coger un cacito más alto para mano derecha, con él ya puedo subir mi pie izquierdo por encima del techo y remontarme, me chapo y sigo. Me encuentro rápidamente la reunión, es un largo corto.

Ya no hace frío, el sol nos baña y nos calienta, la pared le ayuda. Tras este largo toca hacer un breve ensamble por una amplia repisa para llegar al comienzo del siguiente largo, un cartel pegado a la roca indica el lugar. Diana tira primero en este largo (V, casi 60 metros). Las mayores dificultades están al final del largo, donde además las cuerdas pesan bastante. Diana me grita que no puede seguir, que las cuerdas le pesan mucho y le tiran para abajo, aunque está lejos la veo resbalar un pie, aguanto la respiración, sujeto fuerte la cuerda bajo el reverso, pero no cae, aguanta y tras unos segundos consigue superar los últimos metros y llegar, yo mientras la animo aunque ella no me oye, murmuro “venga”, “venga que si”, hasta que dejo de verla y me dice por los walkies que libere la cuerda. Justo donde se le habían resbalado los piés eran un poco precarios y no me parece fácil que digamos, “benditos” quintos , olé sus ovarios!

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Tercer largo

Ya llevamos más de 100 metros escalados, empieza a hacer calor de verdad. No tenemos muy claro según el croquis que llevamos por donde seguir, pero yo me acuerdo que tocaba una travesía a derechas y allá que voy, siguiendo los parabolts. El patio a los pies en este largo se vuelve acojonante. Una bella travesía de 45 metros y divertida, que te hace pensar un poco.

Diana me dice al llegar que continúe yo el siguiente largo también, que no siente los pies y no se ve fina. Empieza un poco en travesía a derechas de nuevo con ambiente y luego asciende más vertical por una bonita placa y en ocasiones con ayuda  de un pequeño diedro, 55 metros de V disfrutón. Me están empezando a doler los pies, llevamos 200 metros. Ahora toca otro ensamble hasta encontrar por donde sigue la vía, de nuevo marcado con un cartel en la pared. Hacemos un breve descanso para nuestros pies, de paso comemos y bebemos algo.

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Travesía del cuarto largo con buen patio

Del siguiente largo dicen que es el más bonito y difícil de la vía, 55 metros de V+. Se empieza por un tramo ligeramente desplomado y algo raro que a mí se me hizo lo más difícil, luego por la placa se llega al “famoso” diedro-bavaresa del que todos hablan, da canto buenísimo y los pies en oposición se quedan muy bien, es cuestión de confianza y colocarse bien. Lástima que no mida 100 metros más el diedro porque es una escalada realmente bonita y agradecida. Del diedro se sale a una placa fácil que te lleva hasta un techito, más fácil que el del segundo largo si cabe, mucho canto. Sigo unos metros por terreno tumbado donde opto por saltarme alguna chapa por si me hiciera falta luego, se vuelve a poner vertical pero la pared se vuelve más generosa en agarres y es fácil hasta la reunión en un nicho. Allí sentado recogiendo las cuerdas casi me da un soponcio del calor que tengo. Cuando llega Diana y me levanto resulta que de pie te da el airecillo y no se está tan mal, pero sentado casi me da algo. Animo a Diana a que se abra el siguiente largo, aunque tiene los pies reventados y va escalando con los talones si la pared lo permite se anima y tira.

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Bavaresa del sexto largo

Otros 55 metros de grado IV+/V, en ligera travesía hacia la derecha, los parabolts alejan un poco más en este largo, pero comparando con el resto de la vía que está muy chapada, en verdad no es preocupante y el terreno y la escalada permiten los moderados alejes.

Después de nuevo, otro ensamble para buscar por donde sigue la vía. Este es algo más comprometido que los demás, hay unos parabolts para asegurar esos pasos, que no usamos. No sabemos muy bien por donde seguir, pero por suerte localizo una U química en nuestra vertical, y tras ella en el muro más vertical de la zona una línea de parabolts. Esperábamos que el ensamble fuera más largo, también esperábamos encontrar un cartel que indicara por donde seguir, como en los otros dos ensambles, así que esas dos razones nos hacen dudar de si es por ahí. Tiene que ser por ahí, esa línea de parabolts no tiene sentido donde nos encontramos sino.

Tiro yo, el último largo, subo como un tiro, es fácil así que no me paro a pensar mucho, me limito a ir moviendo mis pies y mis manos para seguir subiendo sin fijarme mucho en lo que cojo o piso, ya estamos cansados, tenemos ganas de acabar. Es el largo más “largo”, 65 metros, nuestras cuerdas son de 60, eso quiere decir que Diana tiene que empezar a escalar cuando estas lleguen al límite para que yo pueda seguir escalando los últimos metros hasta la reunión, algo que nunca hemos hecho. Por suerte el largo es fácil, los metros más bonitos y verticales del largo se encuentran justo al final, Diana empieza a escalar y yo llego a la reunión.

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Último largo de la vía

Recogemos lar cuerdas contentos de haber llegado arriba, teníamos dudas de si podríamos conseguirlo. En total han sido unos 350 metros de escalada partida por 3 ensambles que hacen un total de unos 150 metros, lo que otorgan a la vía un recorrido de más de 500 metros, aunque no sea un paredón de tales dimensiones. Estamos encantados, hemos sufrido y disfrutado casi diría por partes iguales. De la cumbre nos separan aproximadamente otros 200 metros por una bonita arista, marcas verdes y blancas indican el camino y alguna trepada y paso expuesto. Llegamos a las 16.00, Pico del Águila, ni siquiera sabíamos que ese era su nombre, (la escalada se encuentra regulada para proteger a estos bellos animales, no se puede escalar de Enero a Julio creo recordar).

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Arista hacia la cumbre

Es una excelente atalaya sobre los alrededores. Esta modesta cumbre de 568 metros nos hace realmente ilusión. No hemos tardado tanto como yo esperaba, pero aún hay que bajar.

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Vistas desde la cumbre

Así que bajamos, siguiendo las marcas, por una canal empinada, pedregosa y delicada. Emocionante. Cuando llegamos a cruzar por donde habíamos pasado escalando, nos damos cuenta que hemos de retroceder para buscar los rápeles, nos hemos pasado. Diana consigue localizar una marca casi borrada que nos dirige hacia lo que parece la instalación, y tras esa marca hay otras.

Encontramos en el borde una instalación y emocionados preparamos el rapel, pocos metros verticales nos separan de un terreno tumbado lleno de vegetación, no nos sonaba haber leído nada de eso en las reseñas pero allá que vamos convencidos, más tarde nos daríamos cuenta que ese tramo se podía destrepar y unas marcas indicaban el camino, pero eso sería como ya he dicho, más tarde.

Bajo yo primero, pues es lo que peor se me da. Para colmo se me monta un lío tremendo que voy casi quitando metro a metro, nunca había visto semejantes nudos liando las cuerdas, aquí me tiro unos eternos y agobiantes minutos, Diana me habla desde arriba pero no la hago mucho caso, está nerviosa porque no sabe cómo ayudarme y está viendo que cada vez queda menos sol y menos rato de luz, yo inmerso en el lío, no me daría cuenta hasta llegar por fin a la siguiente cabecera. Iba a hacerla en dos U rápidas, pero 10 metros más abajo veo una instalación con argollas y las cuerdas llegan, aunque justas. Cuando llego a esta nueva cabecera veo en la pared un montón de flechas que me mandan hacia la derecha por una repisa con destrepes y la palabra Rapel escrita un par de veces bien grandes, las señales son claras, libero la cuerda para que baje Diana pero no me atrevo a destrepar, prefiero esperar y hacerlo asegurado a la cuerda. A Diana le da miedo que las cuerdas se enganchen entre tanta vegetación, así que se queda en la cabecera de más arriba para tirar y recoger mejor las cuerdas, y por si hubiera que desliarlas estar más cerca. El sol se esconde, nos queda media hora de luz como mucho. Las cuerdas a pesar de nuestros temores no se enganchan, Diana baja otra vez hasta mi cabecera, se desenvuelve con soltura, hace las maniobras rápido y bien. Seguimos las indicaciones de la pared y rapelamos “en travesía” descendente a derechas, a los pocos metros Diana encuentra la instalación, el día oscurece, resulta que hemos vuelto a nuestra vía y se suponía que se rapelaba por una vía más a la izquierda, estamos en la tercera reunión, se nota tensión en el ambiente, le digo a Diana que es mejor relajarse para que las cosas salgan bien. Por lo menos ya conocemos el terreno si se hace de noche no será tan preocupante. Diana mete el turbo y baja ella en cabeza todo el rato. Un primer y espectacular rapel de casi 60 metros nos deposita en la primera terraza donde gracias a un hito encontramos la siguiente instalación en dos químicos, la segunda reunión de nuestra vía. De aquí al suelo hay unos 50 metros que resultan en un espectacular y vertical rapel, con nocturnidad, que le suma ambiente. No había podido de parar de pensar en Selva, nos espera con una sonrisa…

Lo hemos conseguido, ahora sí podemos cantar victoria, estamos abajo y todos bien, incluida Selva.

Quizá no sea la vía más bonita del mundo, pero a su manera nos ha encandilado, ni la más difícil, pero hemos sufrido… También hemos disfrutado, hemos aprendido, estamos reventados, tranquilos, satisfechos tras tan inmensa batalla llegar a la calma que la sigue. Subir a esta cumbre por esta vía, a mí, me ha merecido la pena.

Ha sido una pequeña odisea, seguimos avanzando, aprendiendo como cordada.

Nos hemos ganado una ducha, así que buscamos un sitio donde nos dejen dormir con Selva, una nueva odisea. Al fin encontramos un sitio, en Orihuela, en el hostal Rey Teodomiro encontramos nuestro nido para esa noche. El día siguiente descansamos, relajados vamos a mirar la Pared Negra, al día siguiente vamos a por ella.

Mientras tanto una montaña cercana luce esplendorosa y atrapa nuestras miradas, no podemos dejar de mirarla, es el Pico del Águila, ha conseguido enamorarnos, es bella e inmensa. Para “siempre” quedará grabada en nuestros corazones.

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Acariciando el cielo

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