Un sueño, Vía Sur Clásica del Pájaro

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Se estaba tan bien en Alicante… En realidad podría ser cualquier otro lugar… Lo que me hace estar a gusto es tener la suerte de estar cada día en un sitio nuevo, salir de la rutina, calles distintas, distinto ambiente, distintos olores y sensaciones. Como vivir un sueño, exactamente eso.

Volver de este tipo de viajes en los que me siento tan libre y tan “yo”, siempre me deja un poco en estado de shock, como un síndrome postvacacional. Creo que quiero ser nómada… Aunque un poco lo soy. Madrid lo conozco un poco, bueno no que lo conozca, pues me falta más por conocer que conocido seguro, lo que quiero decir es que lo tengo muy visto, mismos caminos, carreteras, atascos… La rutina en la que me establezco aquí a veces me asfixia un poco.

Como esta semana estoy un poco de bajón, no estoy muy motivado, a ratos me dejo llevar, a ratos me vuelvo a motivar por algo. Algún encadene de séptimo grado (luego bien decimos que no importa el grado), momentos entrañables y graciosos, piedras compartidas con desconocidos que dejan de serlo en un instante y unas Peñas llamadas del Tejo ayudan a que me sienta mejor. Mientras me descuelga de una fisura de autoprotección que he sudado un poco, Diana cae panza arriba sobre unos arbustos y patalea durante unos segundos hasta que consigue levantarse, yo no puedo parar de reírme, ella tiene cara de no hacerle tanta gracia. Hoy cuando se lo recuerdo una sonrisita asoma.

Volver a ver a los amigos también ayuda, me dejo llevar de boulder en boulder, aunque las sensaciones no son buenas, lo intento una vez más, convencido de que en algún momento, seré capaz de recuperarlas. Consigo subir una fisura de unos 7 metros que será como 6C, lleno de liquén, y pienso que no todo está tan mal, arriba del bloque me pregunto porque a veces disfruto mucho y otras no tanto, mis amigos desde abajo me felicitan y me miran aún con cara asustada y de sorpresa. Está atardeciendo y pierdo mi vista en el horizonte, me pregunto qué me pasa, está claro que es más mental que físico…

Un jueves nos quedamos en casa sin ganas de hacer lo que habíamos planeado, las Placas del Halcón. Por suerte para nosotros el Pájaro sembró en nosotros la semilla de la motivación de nuevo. La vía Sur Clásica se presentaba como un sueño a la vez que un reto asequible y el día siguiente íbamos a intentar escalarla, este tipo de planes que surgen y se llevan a cabo sin escusas ni peros. Sueños.

No hemos dormido mucho, pero madrugar tiene su recompensa, somos los primeros a pie de vía. No tardan en llegar hasta tres cordadas, todas a la misma vía…

La aproximación no es corta pero es muy llevadera y se disfruta con este silencio salpicado por nuestros pasos, por el cantar de la aves y por el rugir del río. El risco del Pájaro se deja ver entre los árboles, que bella e imponente mole granítica. El tiempo parece que se detiene.

Una vez debajo de la vía me parece que no impone tanto y me siento capaz de subir. Así que empiezo decidido y con confianza, aunque no es mi mejor día y me siento cansado. No conviene infravalorar la pared que vas a escalar, ella rápido me pone en mi sitio, es un granito más blanco y resbaladizo que al que estamos acostumbrados por estos lares. El paso más difícil de la vía (se supone) es una travesía a izquierdas en placa  sin buenos agarres, lo protejo con un friend pequeño en un invertido y me monto en el pie izquierdo hasta apoyarme contra la chimenea del otro lado, la chimenea hace pensar un poco pues los pies no dan mucha confianza y como cualquier chimenea es rara de escalar, poco a poco me voy “arrastrando” y consigo ir subiendo pies. Llego a un punto donde las chimeneas de ambos lados casi se juntan y tras unos minutos de indecisión opto por tirar por la derecha cuando estas se separan de nuevo. Al principio voy bien, usando una técnica parecida a la de la chimenea anterior pero ahora empotrando solo la parte derecha del cuerpo, meto el friend del 4 al fondo de la fisura y sigo, me está costando bastante avanzar pero lo voy sacando, desde aquí no se ve a la gente del pie de vía. Dos metros más arriba me quedo atascado, no soy capaz de pisar el pie izquierdo para seguir empujando y si lo meto hacia la chimenea me caigo, estoy cansado y asfixiado de tanta chimenea, digo a mi compañera que esté atenta pues puede que me caiga. Todo este cúmulo de pensamientos regurgitan en mi cabeza y hace que me dé una especie de ataque de pánico, no quiero caerme, me doy cuenta que si me pongo nervioso es peor, me canso más rápido y es más probable que me caiga. Respiro profundo y trato de relajarme un poco, me obligo a pensar, creo que entra el camalot del dos si lo meto al fondo de la chimenea, justo al fondo del todo parece que entra más o menos, aunque la chimenea se abre, puede que aguante. Sigo pensando cómo resolverlo, pero cada vez que intento moverme hacia fuera pierdo el equilibrio y siento que voy a caer y si lo intento por dentro, como la chimenea se estrecha hacia arriba me quedo atascado, no sé cómo seguir y me estoy petando, si saco el pie derecho del empotre me caigo. Opto por acerar, me cojo al friend que acabo de meter y le cargo peso, no se mueve, nunca he hecho esto antes, subo pies por la placa mientras tiro del friend y consigo meterme en bavaresa y seguir, otra vez hay un estrechamiento en el que me siento, literalmente, para superarlo y llegar a la repisa de la reunión, estoy asfixiado, casi amarillo y mareado, los brazos como Popeye, nunca había pasado tanto miedo escalando como hoy… No estoy muy fino, ese tramo de chimenea me ha parecido durísimo, el largo en general. Luego me dirían que se hace más fácil por la fisura de la izquierda… A punto estoy de decirle a Diana que nos bajemos, pues ese largo me ha dejado tocado el cuerpo y la mente, estoy asustado todavía, pero como el siguiente largo parece más fácil y disfrutón me callo.

Diana me debe ver la cara de miedo o algo porque al llegar me dice que si quiero nos bajamos, yo miro el siguiente largo, seguimos.

Diana se atreve con el segundo largo, a cuatro metros de la reunión se le resbalan los pies y a punto está de caer, no estamos muy finos, tenemos miedo. Es así. Diana se agarra al friend que acaba de meter por encima y acera el paso. El largo es corto y me recoje rápido. Yo no siento apenas los pies, me cuesta el primer paso de salir de la reunión en travesía, luego la bavaresa es tan fácil como nosotros buenos escaladores, también se me resbalan los pies en el mismo paso que a Diana. No estamos finos.

Sigo el siguiente largo, no voy nada bien pero voy superando los pasos que me ofrece la chimenea con empotres y movimientos en diedro, luego estrecha la fisura y sigo en bavaresa hasta que esta desaparece y uso unos raros agarres para las manos que intuimos son antiguos emplazamientos de clavijas. No estoy cómodo, la travesía a derechas impone, meto un micro, me quedo con él en la mano, meto el siguiente y queda cañón, intento el paso pero ya se me ha metido el miedo en el cuerpo, agarro el friend para ayudarme a hacer la travesía, los pies son buenos y no era necesario agarrarse pero no es mi día, dos pasos y cojo un canto, hay que destrepar una laja en bavaresa, meto un fisurero en ella y tras chapar la reunión sigo para unir estos dos largos. Veo la siguiente reunión muy cerca, se suponía que este siguiente largo era una mera transición, pero no me lo parece, sigue la travesía a derechas descendente, es fácil pero me pone fino, que me pasa hoy? Como estoy sufriendo… Una cordada de extranjeros que venías después de nosotros se bajan tras el primer largo y sufrir más de la cuenta…

Diana dubitativa hace los pasos más difíciles del siguiente largo pero destrepa de nuevo hasta la reunión. Y es que da miedo el pensar que no te puedes proteger e impone. Yo me esfuerzo en quitarme toda la tontería de encima y relajarme para poder hacerlo. Los primeros pasos son los más finos, respiro a cada paso y voy de pie en pie, van apareciendo setas que lo facilitan, laceo una seta a más de 15 metros de la reunión, que aunque no es muy buena ayuda bastante a relajar la tensión del largo. Quedan bastantes metros hasta la reunión todavía, meto un friend mediano en la fisura bajo el techo que forma la cola del pájaro, este largo me ha ayudado a templarme y ya estoy más relajado tras la liberación de adrenalina en todos los largos anteriores, ya me veo saliendo por arriba…

Una cordada viene de la cara este, querían hacer nuestra vía pero vista la afluencia optaron por buscar una alternativa, intercambiamos sensaciones. Yo sigo el siguiente largo que supera el techito con un bonito y sencillo paso para ir a una placa tumbada donde subo tranquilamente, laceo una seta del tamaño de una mesilla por meter algún seguro, sube Diana y rápido supera los últimos y graciosos metros hasta la cumbre por unas adherencias. Estoy más feliz que nunca por llegar a lo alto de una montaña, no sé si es porque se acaba o por lo que ha supuesto. Preparamos el rapel y lo compartimos encantados con los compañeros de la cara este, que vienen de Cataluña.

Estamos en el Salón del Pájaro, es un bonito lugar que desprende una mágica energía. Buscamos el destrepe que algunos resolvemos con más facilidad que otros, se supera bien y no es muy largo. Los “colegas”, motivados, acaban de bajar y sin perder tiempo se meten en la sur clásica como traían planeado en un principio, a pesar de mis advertencias… Que cracks!! Van muy sueltos, aun tengo mucho que aprender…

Volvemos disfrutando del paseo, vaya una aventura el Pájaro… nunca me había costado tanto una escalada, y eso que se supone “fácil”, ahora estoy contento, feliz, relajado, orgulloso de nosotros… Pero metido en la pared no podía evitar preguntarme si de verdad valía para esto, si de verdad tengo el valor para hacer cosas más difíciles y comprometidas. Aunque me ha encantado la experiencia y la vía, se me queda la espinita clavada de haberme agarrado a esos dos friends, de la duda de si podría hacerlo sin su ayuda, se me ha quedado un poco de miedo guardado en el cuerpo, espero encontrar las fuerzas para enfrentarme pronto a él.

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Primer largo
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Agotado
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Tercer largo
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La placa sin seguros
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Cumbre
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El destrepe
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El imponente y bello risco

2 comentarios en “Un sueño, Vía Sur Clásica del Pájaro”

  1. Enhorabuena por esta clásica, que probablemente sea una de las más emblemáticas y excelentes vías de la Pedriza. Cuesta imaginar cómo se abrió con alpargatas, cuerdas de cáñamo y un puñado de clavos. Y es que los escaladores de antes, como Teógenes, Tresaco y Rubio, estaban hechos de otra pasta. El año pasado, después de treinta tres anos sin subirla, pude repetirla justo el día de mi cumpleaños, el mejor regalo que podía hacerme. Comprobé de nuevo la exigencia del primer largo, bastante atlético y técnico para mi gusto, y que te pone a prueba en eso de reptar por chimeneas. Me alegró hacer la vía por la salida original de la placa, y no por la variante del Escudo, abierta en 1943. Siempre que había subido por aquí nunca había hecho la vía original, y me encantó ese largo expuesto en el que es mejor no dudar dada la ausencia de seguros y de escaso emplazamiento para éstos. En definitiva, un de las vías más completas y con más historia y anécdotas de la Pedriza.

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