Truenos en el Gilbo. Vía Meigas (V+/6A, 200 m.)

Ya llevábamos tiempo queriendo subir alguna vía en el Gilbo (o en cualquier otro sitio, pero el clima no nos está acompañando mucho…) y es que nos encanta esa montaña, la tres veces que la he ascendido en apenas un año me delatan. Es un pico bello y  “cómodo”, en un ambiente y paisaje espectacular.

La vía Meigas quizá sea la más famosa, es asequible, fácil de proteger  y una buena escusa para volver a dejarse caer por estos parajes.

El día no se presentaba bien, con predicciones de tormenta y hasta 10mm de precipitaciones. Al llegar temprano a Riaño por unos recados vemos que nada que ver con la realidad, además los paisanos nos dicen que los días de atrás la predicción era la misma y no cayó ni gota. También es verdad que la costumbre es que empeore por la tarde. Hay nubes, pero no tienen pinta de descargar y justo encima del Gilbo hay un claro, nos lo tomamos como una señal. Así que desayunamos en el tan de moda “Mentidero” y vamos para allá. Durante la aproximación pega el Lorenzo y hace bastante calor. Hasta las 11 y 30 no estamos en el pie de vía.

Diana quiere abrir el primer largo, pero la lesión de su brazo izquierdo, que no la deja escalar tanto ni tan bien como quisiera últimamente, la hace dudar, los diedros tampoco son de su agrado especialmente, pero tira como un jabata y se adentra en él.

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Adentrándose en el diedro del primer largo

Poco a poco va subiendo y cosiendo al gusto. Cuando me avisa subo yo, el diedro tiene algún paso fino de pies y de fiarse que te pillan un poco frío, le ha echado dos ovarios la tía, enorme titana! También tiene algún tramo de roca dudosa.

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Cosiendo al gusto

Diana me espera en la cómoda reunión sobre un spit que ha reforzado con dos friends. Y sigo el siguiente largo, el que se supone el más difícil y también, más protegido. Un spit me guía, así que voy hacia él, protege un paso morfo y al que llego por los pelos, Diana tuvo que acerarlo después.

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Tras el pasito morfo

Un clavo protege el siguiente paso fino de pies para llegar a la bavaresa, donde otra chapa aguarda, hay buenos pies para realizar la corta travesía a derechas y colocarnos bajo la chimenea donde encuentro el paso que más guerra me da.

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Debajo de la chimenea

La chapa no queda lejos y se pueden meter cosas en la fisura. Aún así me hace pensar, pues hay unos bloques sueltos que no me gustan y por arriba no hay mucho que agarrar. Con  la mano empotrada en la fisura subo mi pie derecho en una repisa bajo el desplome y como un contorsionista hago un pie mano en la izquierda, tengo la sensación de que me estoy complicando pero como resultado queda  un paso realmente bonito y espectacular con bastante patio ya a los pies, lo que conlleva un subidón de adrenalina, a Diana ese paso no le costó tanto cuando subió. Ya a partir de aquí el terreno es sencillo, con tramos rotos y tumbados, aunque también hay buenos emplazamientos para proteger, pero tampoco es necesario. Cuando llego a un hombro que forma una repisa en mitad de la pared me es imposible seguir por lo que rozan las cuerdas, así que monto reunión con tres friends en dos buenas fisuras sobre la repisa, es mi primera reunión sobre friends, viva!

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Vista de la segunda reunión desde el tercer largo de cuerda

Sube Diana rápido y sigue rápido el siguiente largo fácil, aunque no sabe muy bien por donde va, sube a una especie de espolón con bloques sobre él, la veo ir para la derecha, para la izquierda, no encuentra la supuesta reunión sobre dos puentes de roca y agota los metros de cuerda, así que monta reunión sobre friends. Subo y quitando un friend se me sale un mosquetón de la cinta y lo veo caer, que torpeza la mía… Por suerte no cae muy lejos y le digo a Diana que me de cuerda, destrepo unos 10 metros  y anda, encuentro la reunión sobre los dos puentes de roca, está a la izquierda del espolón, justo al comienzo de la canal herbosa. Recuperó el mosquetón y subo, ya rápido, y rápido hago los pocos metros de canal herbosa que nos quedan del siguiente largo hasta un gran puente de roca que tampoco parece muy sólido.

Diana me dice que ha oído truenos a lo lejos. Tiro rápido el siguiente y último largo, cotado de V. Pasa por unos grandes bloques hasta un diedro desplomado donde hay bastante canto en los alrededores y se sortea sin dificultades.

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Diedro del último largo

Después un cordino sobre un característico puente de roca que forman dos bloques indica el camino, tras sortearlo el terreno se tumba y aparecen tramos de hierba, monto reunión a 15 metros de la cumbre sobre un buen puente de roca que encuentro y refuerzo con friends en unas fisuras.

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La última reunión

Recojo rápido a Diana y veo como la lluvia se acerca. Recogemos las cuerdas y mientras Diana coloca la cámara para hacernos una foto la tormenta se huele, yo le meto prisa, la cámara se queda sin batería, “pues vámonos!” le digo, y salgo como un tiro por la cresta hacia el camino de bajada que conocemos.

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Felicidad en la cumbre que duraría poco

Es ponernos en marcha y justo empieza a llover, y se oye un trueno, no muy lejos… Yo siento un par de veces la electricidad estática en el ambiente y los pelos de mi barba se erizan, voy hasta los dientes de hierros. Al llegar al punto donde el camino de bajada se separa de la cresta miro atrás, Diana está a unos 30 metros, si que he corrido… Sigo bajando sin dudar lo más rápido que el terreno ya mojado me permite, suenan los truenos, Diana aparece por la cresta y sigue bajando, chilla al ver el resplandor de un rayo. Tras unos minutos locos y acojonantes llego al pequeño desplome donde aguarda nuestra mochila, yo me siento a esperar a Diana confiado en que ya estoy a salvo de relámpagos, el Gilbo me protege. Llega Diana y el desplome es tan pequeño que cae una cascada de agua de todo lo que escurre por la pared, Diana opta por irse, yo prefiero esperar a que pase y no caminar por esos prados abiertos y expuestos, debajo del Gilbo, me siento a salvo… A los 30 segundos de irse Diana deja de llover y la tormenta sigue su curso, nos ha rozado, hemos tenido suerte, ya que luego, consultando lo que hay que hacer en caso de tormenta eléctrica, vimos que habíamos hecho muchas cosas mal… Pero de todo se aprende… Volvemos mojaditos al coche y contentos volvemos a casa. Con ganas de nuevas aventuras.

Alfonso Fernández, mayo de 2018.

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