Arista este del Espigüete

El Espigüete es como un imán, su situación y forma atraen a recorrerla con la mirada una y otra vez, invita a subirla y conocer cada uno de sus secretos.

Cuantas veces habré dicho en los últimos años «tenemos que ir al Espigüete», unas cuantas, sino que se lo pregunten a Diana y a Óscar, con quien había quedado en escalarla este año pero al final no va a poder ser, al menos con él.

El Espigüete es una montaña bonita donde las haya, con su perfecto dibujo, su modesto pero a la vez colosal tamaño, su halo de misterio y cumbre solitaria, alzándose dueño y señor de todo lo que le rodea, hace poco leía una frase de John Ormsby escrita en 1871 que decía así «…es difícil encontrar, en no importa que país, una montaña pequeña más atrayente que la Peña Espigüete» y yo no conozco las grandes montañas de las que él habla, pero si conozco esa sensación atrayente.

Si Peña Santa es la reina de Picos, el Espigüete es el rey de la montaña Palentina, y no creo en la monarquía, pero su reinado es indiscutible.

Un dibujo que hice de la Peña Espigüete

Otra semana daban bastante malo por Picos y decidí que era el momento de acercarme a conocerle de cerca, como siempre desde una postura humilde y de respeto, una vez me dijeron que era la montaña con más muertes de España y eso siempre impone, pero después de la subida a Salinas la semana anterior, iba con la confianza más alta.

No salía muy temprano de casa pero no me preocupaba pues la ruta tampoco se suponía muy larga, conduje hasta Velilla del río Carrión, a partir de aquí me adentré en tierras desconocidas para mi, sorprendiéndome de todo lo que voy encontrando y a la vez admirándolo, un paisaje bello, que rezuma verde y azul, paz y soledad.

Había visto la ruta que quería hacer el día anterior, en un libro que llegó a mí el año pasado,  «Guía de escaladas y ascensiones del Curavacas y Espigüete, hitos alpinos de la montaña palentina». Subiría por la arista este hasta la cumbre y bajaría por la pedrera sur.

Últimamente en mis salidas a la montaña busco algunas cosas como son la aventura, roca, trepadas y dificultad técnica la justa para que no me haga falta cuerda, pero si que se cree en mí cierta incertidumbre de si conseguiré superar esas dificultades y miedos que espero encontrar.

Quizá el día que fui al Espigüete fue el día que menos encontré esas sensaciones de todo el verano, ya que cometí un error al leer la reseña, yo pensaba que encontraría pasos de III, pero el camino estaba muy pisado y había multitud de hitos que dejaban poco espacio a la duda de saber si iba por el camino correcto, la ruta no tiene perdida y la dificultad de los pasos más complejos no creo que superen el II grado, pero esto no me evitó tener un día inolvidable y disfrutar de esta montaña como de ninguna otra, la ruta es bella, hasta cómoda de andar salvo en los citados pasos que aunque «fáciles», te hacen extremar la precaución. Durante la ruta encontré variopintos montañeros que bajaban por donde yo subía, llegando al final de la arista también vi que delante mía caminaban otras dos personas, lo que indica lo transitada que está esta montaña y lo diferente de la personalidad y objetivos que tienen los distintos visitantes que la transitan y la causa de que tenga tantos accidentes sea esa, su fácil acceso.

Llegando arriba pude contemplar una inmejorable panorámica de los tres macizos de los Picos, al final el tiempo no parecía tan malo allá, la nube permanecía en los valles mientras en las alturas estaba soleado, pero no me arrepentía lo más mínimo de haber venido hasta aquí, en la cumbre estuve sentado más de una hora, comiendo, fumando, disfrutando del paisaje… difícil describir esas sensaciones, hacía calor pero se estaba tan a gusto… es sin duda la cumbre donde más tiempo he permanecido, sin hacer nada mas en ella que estar, sin pretender más que disfrutar el momento, de recorrer cada milímetro del paisaje que se extendía a mi alrededor e impregnarme de él.

Llegado el momento me dispuse a bajar por la pedrera sur, casi mas fatigoso y trabajoso que la subida, pero no tardé mucho en dejarla atrás, por suerte no había nadie debajo de mi y pude ir sin preocuparme de las piedras que tiraba, así que bajé como un rebeco. Una vez bajo la pedrera fui bordeando la montaña siguiendo unos hitos y un camino que cada vez se difuminaba más y eso hacía aparecer la sensación de aventura que no había tenido en la subida, en algunos puntos hubo que tirar de instinto y me salió bien, terminando sin agua al final, con muchísimo calor, pero encantado de haberle conocido, me fui mucho más contento de lo que había llegado, seguramente fue uno de los días mas tranquilos de mi verano, pero no por ello fue el menos interesante. Un día más llenaba el alma, para volver a vaciarla en la semana de trabajo que me esperaba por delante. Contento.

Track de la ruta en wikiloc

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