Buscando el Tiro Callejo y la falsa Torre de Hoyo Grande

Que en la montaña no te puedes confiar nunca, es algo que sabemos los montañeros (o los que nos creemos montañeros), pero aun así somos humanos y erramos, y muchas veces nos confiamos, esto suele acarrear consecuencias: pérdidas de tiempo, extravíos, enrisques, accidentes, lesiones…

Tras mi infructuoso ascenso a la Celada me escribió mi amigo Víctor diciendo que para la siguiente semana subía con su pareja Sara a vernos, la idea era hacer boulder pero les propuse en mi día libre ir a Jermoso y así, si surgía, subir algún Pico, bien con ellos, bien yo solo mientras ellos quedaban en el refugio. Les dije que era fácil y no muy largo así que aceptaron el plan.

La tarde-noche del domingo estuvimos haciendo boulder pasando un buen rato, primero en el rinconcito y más tarde Cordiñanes.

Víc y la Piedra filosofal

Al día siguiente daban tormentas para la tarde, aún así empezamos a andar no muy temprano con la condición de que si veíamos nubes raras o algo, nos dábamos la vuelta. Eran más de las once cuando dejábamos el coche aparcado en Valcavao y comenzábamos a andar por la pista hacia Remoña y subir por el sedo de mismo nombre. Hacía muchísimo calor, exagerado, el que más en lo que iba de verano, ni una gota de aire, la sudada estaba asegurada.

Remoña

Llegamos a las Colladinas a eso de la una, mi plan era hacer la travesía de las Torres de las Minas de Carbón al Llambrión, pero al llegar a la última Colladina hubo que replantearlo pues nos encontramos a un señor en el suelo tratando de llamar al 112, le estaba dando un chungo, ni si quiera podía marcar los números en el teléfono y apenas podía hablar. Él insiste en que quiere vomitar, le atienden mis amigos que llegaron antes, mientras, yo llamo al 112 y les cuento los síntomas, me dicen que parece una deshidratación, nos dicen que intentemos llegar al refugio, que esta a escasos 400 metros y que seguimos en contacto para cualquier cosa. Víctor me dice que me vaya a lo mío, pero me niego a dejarle con «el marrón», así que esperamos con él sentados. Le obligamos a taparse la cabeza, a beber agua y a comerse unas ciruelas milagrosas de Caín, que subíamos para la gente del refu. Sergio, como se llama el hombre, se empieza a encontrar mejor, aunque débil, y empieza a hablar, y es que hablaba mucho. Es un hombre sano y fuerte, acostumbrado a la montaña y con mil historias en los Picos, le da vergüenza lo que le ha pasado y al verse solo, se asustó bastante. Tras más de una hora, entre todos, decidimos que podemos intentar llegar al refugio, Sergio va en cabeza, no calla y se le ve bien, camina hasta más rápido que nosotros, parece que está recuperado, llegamos al refugio y contacto con el 112 para contarles las mejorías, todo quedó en un susto.

En las Colladinas con Sergio

El calor es asfixiante y estamos todos buscando las pocas sombras que ofrece el lugar a las tres de la tarde, ni rastro de las tormentas.

A las cuatro me decido a intentar hacer algo y subo para el Tiro Callejo con intención de subir a las Llastrias, un pico que desde la primera vez que estuve en Collado Jermoso me ha atraído sobremanera. Subo rápido, resollando, cada paso me cuesta pero sigo. Llegando al Tiro Callejo hay un gran nevero, así que opto por meterme por un espolón de roca de unos 15 metros con trepadas de II+ para evitarlo, hay unos callejones sobre él y estoy convencido de que el Tiro Callejo es uno de ellos, encima lo veo un poco pisado y se parece un poco, así que tiro.

Cabras cainejas que estaban en el camino al Tiro Callejo

Me asomo a un callejón y no me suena, así que sigo hacia el otro por una travesía con mala roca y expuesta que no me gusta mucho, recordaba una travesía para entrar al callejón, pero no la recordaba tan mala, me asomo y tampoco me suena, ya que hice el paso hace dos o tres años y presumía de conocerlo. Como no me gusta, vuelvo al primer callejón que parecía más fácil y empiezo a trepar hasta un punto donde las dificultades y la mala roca que encuentro me hace darme cuenta de que no es por ahí, así que hago una travesía de nuevo hacia el callejón de más a la derecha, está vez por un resalte de roca más alto que por donde había pasado antes, parecía factible pero para llegar al callejón tengo que hacer otra travesía muy expuesta sobre roca aún peor, tras ella me introduzco en el callejón y me parece ver un caminito, así que prosigo por pedreras horribles, ayudándome de las paredes y superando algún resalte más difícil. En cualquier momento espero encontrar el bloque empotrado con la cuerda que facilita el paso pero no sucede, así que sigo hasta que llego a un pequeño collado, al otro lado baja otro callejón cubierto de mucha nieve, y para arriba, hay paredes muy verticales, parece que no era por aquí… Empiezo a mosquearme, voy para abajo y como estoy convencido de que tiene que ser por aquí, en mitad del callejón me meto hacia la derecha, hacia una apertura que parece desembocar al callejón de la izquierda, allí espero encontrar de nuevo el paso de la cuerda, pero no, así que ya me trago el orgullo y saco el gps. El mapa me marca que el Tiro Callejo está unos 100 metros más a la derecha, lo único que pienso es que soy gilipollas, destrepo con mucho cuidado por el terreno infernal que antes había subido y salgo del callejón maldiciendo, son más de las 6, llevo más de una hora enriscado por estos lares, pero estoy enfadado y no quiero irme para abajo, así que voy decidido a por el Tiro Callejo.

Cuando me senté a mirar el GPS

Pero hay una horcada marrón a la izquierda de las Llastrias que me está llamando, así que decido seguir a mi instinto y tirar para allá, me preguntaba si por ahí podría subir a la cumbre y pensé, ya puestos a enriscarnos, pues puestos. Para allá que fui. Yo pensaba que a la izquierda de las Llastrias estaba la Torre de Hoyo Grande, así que una vez en el collado, de fácil acceso, la vi muy cerca y fui para allá por la cresta de mala roca, en menos de 5 minutos con trepadas de II llegué a la supuesta cumbre donde no había ni hito, pero yo ya estaba contento con «mi cumbre», volví al collado y no lo vi claro para subir a las Llastrias, aparte de que ya era muy tarde y había nubes formándose en Asotín, decidí irme para abajo y así no hacer esperar más a mis amigos. Baje surfeando las pedreras por las que tanto me había costado subir y en otro despiste, me pasé el camino que baja al refugio y tuve que hacer unas traviesas por unas llambrias para volver a cogerlo, pero que coño me pasaba hoy…

Mi supuesta cumbre

Llego al camino de las Colladinas y entiendo que dadas las horas que son mis amigos habrían emprendido el camino de vuelta así que enfilo hacia las Colladinas. Me los encontraré al final del sedo de la Padiorna, van con Sergio, que se encuentra mucho mejor. En este punto nos separamos de él, que tira para Fuente dé, nosotros por donde habíamos subido.

Me fijo en que vamos lentos y es bastante tarde así que me ofrezco a adelantarme un poco y así coger el coche que descansa en Valcavao y recogerles en Remoña.

Al final del sedo está la niebla metida y no se ve a más de dos metros. Por la pista está lleno de vacas que he de ir espantando, puesto que voy con Selva y a estas no les cae muy bien. Cojo el coche y vuelvo por la pista donde las vacas han vuelto a ocupar su lugar en medio de la pista, doy gritos guturales para asustarlas, empiezo a estar muy cansado.

Vuelta al coche

Al rato me llama Víctor que tras la bajada después de unas zetas que no le sonaban, han perdido el camino y están agotados y asustados, yo les pito y les silbo, y por culpa mía, por un error de entendimiento les mando para la derecha pensando que habían bajado por la canal en vez de por el sedo, así que ellos que estaban en un redil que está a 10 metros del camino, en vez de ir en la dirección buena se metieron entre la vegetación para 10 minutos después aparecer junto al coche, agotados tras el largo día, asustados por la niebla y un poco enfadados, pues encima yo les vacilé un poco… Pero al rato se les pasó y estoy seguro que no olvidarán este día, al igual que Sergio y al igual que yo, todos nos llevamos lecciones que no olvidaremos.

Más tarde, investigando, descubrí que la que yo creía la Torre de Hoyo Grande, no lo era, que ni si quiera está considerada una Torre, aunque para mí, siempre lo será…

Selva Fernández, Octubre de 2020.

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