Arista este de Salinas

Amanecía el día, la niebla metida en el Valle, no es extraño. Decían que haría malo y suele pasar que nos dejamos influenciar por lo que otros dicen, en este caso, páginas web de previsión meteorológica que suelen fallar más de lo que aciertan, y más aquí. No quiero decir que no sean útiles, yo soy el primero que las usa, pero también hay que aprender a interpretar nuestro entorno, y con este tipo de herramientas cada vez nos volvemos más inútiles y dependientes para algunas cosas.

Tengo que hacer compras, recados. Eso implica coger el coche más de una hora hasta un punto de “civilización” cercano. Conduzco, llegando a Cordiñanes veo la niebla abrirse hacia las cumbres, arriba está soleado, me pica el gusanillo pero sigo conduciendo hasta Cistierna, donde según esas páginas web haría mejor día.

En este valle viviendo parece que el tiempo no pasa, parece que el resto del mundo deja de existir. Debe ser por eso que la civilización me asusta, me golpea; mucha gente, más que nunca en este pueblo que siempre parecía abandonado. Máscaras, bolsas para las manos, desinfectante. Me pregunto cual será la verdadera infección, si el virus o nosotros, estoy bastante seguro de conocer la respuesta.

Hay una montaña en Riaño que me gustaría visitar, bueno más de una, pero hoy había pensado en ella ya que el tiempo en Picos decían que iba a ser malo. Conduzco de vuelta, me gusta conducir por estas carreteras en soledad, rodeado de paisajes tan bellos como solitarios. Tengo suerte, pienso. Paso junto a la Peña las Pintas, la que tenía pensada para hoy, pero no paro, Picos me está llamando, en concreto un pico que no he subido, que está cerca y que me han recomendado en varias ocasiones, además me atrae por su importancia histórica. Sigo conduciendo hasta el Puerto de Pandetrave, me meto por la pista que sube hasta Remoña y aparco en Valcavao.

Son las tres de la tarde, la niebla hace su juego en el valle, sube, se cierra, en Caín hace días que no vemos el sol y hoy parece que tampoco será el día, aquí arriba parece que seguirá brillando toda la tarde. Una nube está naciendo bajo Salinas y vuelvo a pensar en la suerte que tengo de vivir esto, de vivir aquí, esto es pura vida.

Me acompaña Selva, mi amiga y compañera, no suelo llevarla cuando tengo que hacer trepadas, pero hoy está aquí y me gusta que venga pues me hace compañía y no me siento tan solo, nos entendemos bien. Subimos por el Sedo de Remoña y me sorprendo a mi mismo por lo poco que me cuesta y lo rápido que lo dejo atrás, será porque siempre que he subido por aquí lo he hecho con la mochila pesada, con trastos para escalar, con saco de dormir, con regalos para el refugio de Jermoso… Pero hoy voy ligero como Selva y me gusta subir así de fácil.

Busco la cresta este de Salinas, por donde quiero subir, encuentro una vereda e hitos, a las cuatro menos cuarto estoy en la base, la cresta impone y el estómago revolotea. No he mirado reseñas ni nada parecido y surgen las dudas, mi amigo Miedo pasa a visitarme y empieza a susurrarme… -A ver si la vas a liar…, ¿seguro que es por aquí? eso parece más de III, si subes luego tienes que bajar…- Todo para intentar que me de la vuelta. Para aplacarle me paro a buscar información del recorrido, hoy en día tenemos ventaja así que la aprovecho y saco el teléfono móvil. Sigo teniendo suerte ya que hay buena cobertura y puedo leer la descripción acerca de la arista este de Salinas. Lo hago en el blog llamado en defensa de las montañas, página que ya he visitado múltiples veces y que parece haber recorrido cada camino que quiero recorrer. Lo que leo es que hay un paso de III- que es el más complicado y está al principio, luego hay varios de II y II+, algunos expuestos y que pueden acometerse por distintos lugares. No necesito más, aunque la cresta me sigue imponiendo tengo confianza en poder resolver esas dificultades.

Antes de empezar ato a Selva en una sombra y echo un pitillo para templar los nervios, una vez listo me encaramo a la cresta que empieza con lo que se supone más difícil técnicamente. Pocos agarres buenos y roca dudosa pero paso bien, sigo después por terreno más franco aunque no tarda en complicarse de nuevo. Durante la cresta me iré encontrando numerosos pasos donde el miedo se hará notar y me hará preguntarme que coño hago aquí jugándome el tipo, pero sigo… en verdad me apetecía esto, trepar, roca, miedo, que si por aquí, que si por allí, una lucha constante con la cresta y conmigo mismo.

Me empieza a doler la palma de la mano derecha de tanto comprobar la calidad de la roca, que en muchas ocasiones no es buena, también hay piedra suelta por el suelo con la que no quiero resbalar. Y sigo, y sigo… Es muy larga y me está costando más de lo que creía, cuando creía estar llegando me doy cuenta de que todavía me queda, hay tramos que me dan un respiro, pero en seguida viene otro donde contener la respiración. Tras unos cincuenta minutos llego a la cumbre, aunque no paro mucho porque veo unas nubes que parecen estar descargando sobre la montaña palentina, no muy lejos de aquí, también hay unas nubes extrañas que empiezan a cubrir el Llambrión y la cresta hacia el Madejuno, pero no puedo evitar pararme a hacer unas fotos y mientras pensar en Casiano de Prado, ya que está fue la primera cumbre que subió de los Picos, y darme cuenta que al lado de muchos pastores y montañeros que subieron aquí antes que yo, soy un mindundi, un cagao…

Durante la subida sabía que bajar iba a ser gracioso, lo bueno es que ya sé lo que hay y voy más tranquilo, plenamente concentrado… hasta que noto como se me despega la suela una de mis zapatillas, no puedo evitar lanzar un grito de terror y mosqueo a la vez -¡ahora no hijas de puta!- por suerte esta mañana había metido esparadrapo en la mochila así que me tranquilizo y sin hacer movimientos bruscos me siento en el estrecho paso que me encuentro, a horcadas sobre la cresta, me quito la mochila y solvento el problema, la zapatilla sigue respondiendo perfectamente o incluso mejor, pues el esparadrapo también agarra.

Sigo y vuelvo a encontrarme otro “problemilla”, hay una víbora de Seoane (la serpiente más venenosa de España) justo debajo de donde tengo que poner mis manos para solventar un paso un tanto expuesto, mis pies han de caer cerca de donde está su cabeza. Tras valorar la situación hablo con ella y le digo que no le voy a hacer daño, que seguiré por mi camino y ella seguirá el suyo, ella está muy tranquila, ni se mueve, puede que esté hasta fría y esté tratando de calentarse un poco al sol, me armo de valor, respiro hondo para relajarme y alejar el miedo, paso sin perderla de vista y ella ni se inmuta, sigo bajando, lento, que si por un lado que si por el otro. En un punto empiezo a ver a Selva, todavía muy pequeña, lejos, me parece ver que está de pie, mirando en mi dirección, esperando a que vuelva, seguramente nerviosa, la digo algo para que sepa que estoy cerca y sigo bajando hasta que minutos después vuelvo a estar a su lado y respirar aliviado, contento de haber subido, y bajado.

Todavía no había comido, he tardado casi dos horas en bajar y subir, saco unos pedazos de pan y chorizo que comparto con mi compañera y nos ponemos en marcha de vuelta al coche con unos mares de nubes impresionantes hacia Cantabria, no puedo parar de hacer fotos, me siento bien, privilegiado… echaba de menos esto, Picos y yo, incertidumbre, nubes, roca y miedo… Montaña. Quiero más.

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